MELISSA JIMÉNEZ: UN OASIS DE PAZ

Con el desierto como escenario, Melissa desvela sus claves de estilo, sus prioridades como madre y su opinión sobre la mujer en el periodismo del motor.

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Un atardecer en el árido arenal marroquí constituye el telón de fondo de una jornada de reflexión. Con un té rojo en mano y un ambiente que invita a la relajación, Melissa se decanta por la combinación de tops bordados, cárdigans y botas inspirados en la ornamentación marroquí. Vestidos largos de flores y sombreros se dan la mano para sacar su lado más bohemio, y los tonos tierra protagonizan una gama cromática que parece mimetizarse con el entorno, desde el rojo caliza hasta el color arena, pasando por ocres y crudos.

 

El tiempo parece detenerse en un enclave al que Melissa le tiene especial cariño. “Mis amigas me organizaron un viaje sorpresa de despedida de soltera a Marrakech, estuvimos durmiendo en la Medina y fue una experiencia inolvidable”, comenta. “Yo soy de muy buen comer así que me encantó la gastronomía, el hummus, los diferentes tipos de frutas…”.

 

“El estilo alemán es el que me ha gustado más porque es sofisticado, elegante, sobrio”.

MELISSA JIMÉNEZ

 

“[En el periodismo del motor] Siempre he tenido que demostrar por ser mujer que no estoy ahí solo por mi físico o porque he tenido una oportunidad”.

Nació en Bélgica, ha vivido en Estados Unidos, Italia, Alemania, España… y aunque su corazón siempre elegirá España como su lugar de residencia favorito, admite que la moda que observó en Alemania marcó un antes y un después. Como buena amante de la ropa de invierno, de los cuellos cisne, las pieles y los abrigos largos, en el país germano consiguió sentirse como pez en el agua. “El estilo alemán es el que me ha gustado más porque es sofisticado, elegante, sobrio. No sé, yo me sentía más elegante. De hecho, me llamaba la atención porque incluso los hombres me parece que allí tienen mucho estilo”, señala.

 

Decidida, con las cosas claras y fiel a un estilo que no ha variado a lo largo de las diferentes etapas de su vida –incluida su experiencia doble como mamá–, Melissa reconoce que en su armario siempre hay tres prendas esenciales: los vaqueros, las faldas midi y los vestidos de flores. Parece que esta determinación a la hora de vestir es algo que su hija mayor ha heredado. Admite que se lo pasa pipa vistiendo a la pequeña Abril, de 6 meses, con leggins y sudaderas y que ahora Gala, a sus 3 añitos, ya empieza a mostrar los primeros signos de fashionista. “Le encantan las faldas de tul a lo princesa, las zapatillas de deporte con luces… Y aunque pegue cero yo intento siempre que se sienta cómoda con lo que le gusta”, explica. “A mí por ejemplo me encantan las cintas en el pelo pero a ella no le gustan nada, prefiere llevar trenzas ‘como Frozen’”.

 

Son precisamente sus niñas las que ocupan el tiempo de Melissa. A pocos meses de que se cumpla un año desde que su marido –el futbolista Marc Bartra–, ella y sus hijas se mudasen a Sevilla, tiene claro que quiere pasar el máximo tiempo posible disfrutando de su familia. “Tengo ganas de hacer muchas cosas pero soy un poco mamá gallina y estoy muy apegada a mis hijas”, reconoce. “En Sevilla al final estamos solo los cuatro y nos tenemos que apoyar, entonces tampoco me queda mucho más tiempo para dedicarlo a otras cosas. Y mi prioridad ahora son mis hijas”.

 

Hasta ahora su sueño hecho realidad ha sido dedicarse al periodismo del motor. Un mundo que le ha hecho tener que defender sus cualidades profesionales ante prejuicios y luchar contra el estigma de la periodista deportiva desde dentro. “Aunque mucha gente sabía que yo desde pequeña he mamado el tema del motociclismo –porque mi padre es ingeniero de una escudería–, siempre he tenido que demostrar por ser mujer que no estoy ahí solo por mi físico o porque he tenido una oportunidad”, comenta. “He tenido que luchar y demostrar que sé incluso más que muchos hombres que están allí”. A pesar de que echa mucho de menos el periodismo del motor, asegura que eventos como el Mundial de Motociclismo son incompatibles con su vida actual porque requieren estar hasta 18 semanas fuera de casa y ahora, para Melissa, su hogar tiene nombres y apellidos.

 

Cool Committee #07

Marta Lozano


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